Ester fue una doncella judía que llegó a ocupar la posición de reina, suplantando a la reina Vasti, una mujer gentil, es decir, de otro pueblo no judío. Que ella fuera judía y reina de un pueblo no judío, era algo realmente sorprendente. Ella fue escogida por el rey para ser su esposa de entre muchas mujeres, todas gentiles. Ester se destacó por su corazón, humildad, sabiduría y temor de Dios, pero es importante resaltar que nadie sabía que ella era judía y siempre halló gracia delante de todos. Y en este contexto, ¿quién hubiera sabido que ahí era justamente donde ella debía estar? Cuando este pueblo estuvo en contra del suyo, la reina Ester pidió misericordia al rey para el pueblo de Israel, confesando que era judía. Ante la injusticia y ante el conflicto, Ester fue valiente y significó una voz de defensa en un lugar donde justamente iba a ser escuchada. Ester salvó a su pueblo.

Reflexiona: ¿Qué podemos aprender de Ester? Estamos viviendo en un mundo secularizado y humanista, opuesto a Dios, donde no siempre somos aceptamos por nuestros valores. Pero nosotros debemos marcar la diferencia. Ester es un excelente ejemplo de acción y actitud, donde el resplandor por la obediencia, sabiduría, así como Ester, puede impactar la vida de las naciones en todos los espacios de la sociedad. Los puestos politícos estan ocupados por personas que buscan fama, prestigio, dinero, con falta de sabiduría y humildad, así como la reina Vasti. Pero Ester amó a Dios y a su pueblo y fue valiente, al defender sus valores y proteger a su gente, a pesar de lo que eso pudiera costarle.

Una pregunta clave: ¿Estás dispuesto a luchar por lo  que crees y lo que eres?