Salomón es conocido por ser el hombre más sabio que jamás haya existido. La Biblia lo describe así. Una vez Dios le ofreció la posibilidad de obtener cualquier cosa que quisiere, y él le pidió sabiduría para gobernar al pueblo de Israel. La petición de Salomón fue agradable a Dios, porque no se centró en él mismo, sino en otros. Lo que pedía sería para el servicio a Dios en el reinado, y no se trató de nada físico  ni material, si no de algo que es más valioso para Dios que cualquier otra cosa: la sabiduría. Él mismo  escribió el libro de proverbios, y dice acerca de la sabiduría: “Si inclinares tu corazón a la prudencia, Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz; Si como a la plata la buscares,Y la escudriñares como a tesoros, Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios. Porque  Jehová da la sabiduría,Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia”

Reflexiona: En este momento de la historia de Salomón vemos en él dos cualidades increíbles: un hombre que para entender y ser exitoso, se dirigió a Dios y buscó allí la respuesta a sus preguntas, el sentido  y el propósito de la vida; y, un hombre que pide lo mejor que pudo haber pedido. Tenía la oportunidad de que Dios le diera lo que quisiera, pero más allá de lo que cualquiera de nosotros pediríamos, Salomón le pidió sabiduría, y no sólo para él, ¡sino para ayudar a las personas! Si Dios nos dijera: Te doy lo que me pidas, ¿haríamos lo mismo que Salomón? ¡Un ejemplo de verdadera inteligencia!

Una pregunta clave: ¿Estás realmente esforzándote en conseguir lo verdaderamente valioso?